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La paradoja de la creatividad. Cuando no hacer es mejor que hacer

Antes de entrar en la paradoja de la creatividad, veamos qué es la ambición ¿Es esa fuente de desdichas que nos lleva a una cadena de insatisfacciones y a enfrentarnos unos a otros? O la locomotora que nos impulsa hacia adelante y nos saca del barro.

Cojamos la versión positiva. Las ambiciones son los esfuerzos que inviertes en conseguir tus valores.

Alguien puede tener la ambición de ser cocinero o actriz. O dedicarse a la política.

Puedes también tener la ambición de tener  una vida pacífica y sin ambiciones. Abandonar y simplificar tu vida. Aunque es sorprendente cuánto esfuerzo puede llevarte este objetivo.

hacer menos para avanzar

¿Todo se consigue con esfuerzo?

Al igual que no tomar una decisión es una decisión, con las consecuencias que conlleva, ambicionar no tener una ambición es también una ambición.

Por supuesto, obtener una solución creativa es una ambición

Otra cosa es cómo ponemos en marcha nuestras ambiciones. En nuestra cultura del esfuerzo, creemos que todo se consigue haciendo algo, cuanto más esfuerzo le metas mejor.

En los procesos creativos ocurre al revés. La paradoja de la creatividad. Cuanto menos hagamos mejor.

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Quitarse de en medio

El proceso creativo tiene que ver con quitarnos de en medio. En el no empeñarnos en hacer.

El secreto del no hacer descansa en la posibilidad de mejorar los resultados que obtenemos cuando nos esforzamos, cuando hacemos. En el terreno creativo, lo vemos cuando alguien, con un mínimo de instrucción, nos sorprende con una solución inesperada. Es el caso de los niños como veíamos en el post de la semana pasada. Somos más creativos a los diez años que en edad adulta.

Entre otras cosas, la duda no produce su efecto corrosivo en nuestra confianza, dicho de otro modo, en aquel entonces era más sencillo quitarse de en medio porque había menos “medio” del que quitarse.

La inocencia

No hacer supone volver a ese estado de inocencia del niño. Si nos pidieran describir el Edén con una palabra, ésta sería inocencia. No hace falta pelear ni esforzarse, las cosan salen de una manera sencilla, por si mismas. Cuando luchamos contra las cosas y nos empeñamos en controlarlas, nos alejamos de ese estado.

Gracias al no hacer, nos deshacemos de todos los hábitos y modelos de pensamiento que hemos asimilado a lo largo de nuestra vida y dejamos que las cosas sucedan.

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Nuestra capacidad creativa reaparece

A todos nos educaron en la creencia del valor de la lucha y el esfuerzo; por ello resulta complicado aceptar el no hacer.

Es la paradoja de la creatividad. Cuando nos quitamos de en medio, nuestra capacidad creativa reaparece. Tal vez no sea una capacidad tan poderosa como fue cuando éramos niños pero podemos trabajarlo. El problema de la creatividad no es la inexistencia de una capacidad sino la incapacidad de quitarnos de en medio.

Las herramientas creativas

Vamos a la parte práctica. Para quitarnos de en medio nos hace falta alguna ayuda. Elige una de las herramientas creativas que puedes ver aquí. Da igual la que sea. Todas tienen el mismo objetivo. Yo siempre recomiendo, por lo simple y la potencia que tiene, la del azar.

Determina el objetivo, el tema sobre el que deseas obtener ideas nuevas. Escoge una palabra al azar (un sustantivo). Puedes coger un libro, elegir una página, un párrafo, un renglón y un número desde la derecha. O cualquier método que se te ocurra para elegir una palabra. Lo que tiene que ocurrir es que sea al azar. Si eliges una palabra que te venga bien para una solución que estás pensando, no te servirá; solo obtendrás las soluciones de siempre.

Asocia la palabra al azar con el tema y deja que se produzcan asociaciones. Tu cabeza empezará a buscar caminos de relación inesperados. No fuerces ningún resultado. Deja que aparezcan. Algunos puede que sean inservibles, al menos en esta ocasión, pero otros te ayudarán a explorar caminos nuevos. Lo único que tienes que hacer es apartarte.

caminos nuevos

La paradoja de la creatividad

Si quieres sentir lo que sucede cuando te quitas de en medio, sólo tienes que recordar cómo te sentías cuando jugabas de niño. El juego era natural, alegre, vivo, es el no hacer en estado puro. Ahí se fundamenta la paradoja de la creatividad.

Juega a ser creativo, de vez en cuando, por el mero hecho de jugar, sin pensar en resultados. Todo afan en conseguir una solución, nos alejará de ella. Forzar la solución no es el camino para dominar este juego.

Y no te vengas arriba con los éxitos, nada garantiza que no caeremos en las profundidades en la siguiente ocasión. En vez de fijarte en el resultado, concéntrate en la causa. Deja de obligar a tu cabeza a que haga lo que no sabe hacer. Sólo prepárate, apunta a donde quieres llegar y deja que la flecha vaya donde quiera. Nada más.

 

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